12 mayo, 2010

El pulso perdido.

Podía pasar y ha pasado (Nervis,2: Neguit). Nos han doblegado. Somos dependientes, dependientes del crédito, y éste lo manejan los “mercados”, aquellos que nos dejan los recursos, recursos que necesitamos para cubrir la diferencia entre los gastos que hacemos y los ingresos que obtenemos. Se estaban poniendo cada vez más nerviosos, ya se sabe que los prestamistas son asustadizos y conservadores, y nos les ayudaba en absoluto que se manifestara continuamente la debilidad parlamentaria del Gobierno azuzado tanto a la izquierda como a la derecha con la irresponsabilidad de pedir más gasto y a la vez menores ingresos y retraer continuamente que no haya reformas, las reformas que ellos quieren (Nervis,1: Esverament). Nuestros datos, comparativamente buenos o paralelos de otras economías, no han sido suficientes.

¿Qué comporta en concreto que nos hayan ganado el pulso? Ajuste, y ajuste duro. ¿Lo entenderá la población? Dependerá de cómo se venda el ajuste por parte de todos los agentes sociales y mediáticos. Supongo que no.

Nos hemos resistido como gato panza arriba confiando en que tendríamos fuerza suficiente para aguantar la situación. Que ésta mejoraría y que lograríamos mantener la confianza externa necesaria para pasar el temporal. Pero éste ha arreciado en lugar de remitir. No hemos podido aguantar el pulso. Nos han doblegado.

Madrid, 12 de mayo.

01 abril, 2010

10 marzo, 2010

Lo hacemos mal.

La reciente noticia de que el Presidente del Congreso propone modificar la Constitución para permitir el trabajo de las Cortes Generales en los meses de enero y julio me lleva a recuperar un borrador de entrada que empecé hace unos días y que había abandonado (como tantas otras que quedan sólo en ideas y que no materializo).

En el umbral de la puerta de la sala dónde se iba a celebrar la primera reunión del comienzo del nuevo periodo de sesiones un joven periodista, micrófono en mano con un cámara detrás de él, me pregunta: “¿Qué le parece volver al trabajo hoy desde el 22 de diciembre?”. Le tuve que aclarar que el que no hayan sesiones plenarias ni trabajo en comisiones en Las Cortes no quiere decir que los diputados/as y senadores/as no tengan trabajo. No es lo mismo estar (estar allí) que ser.

El nuestro es un trabajo especial y relevante que sorprendentemente, o quizá no tanto, todavía debemos reivindicar, el de componer -las 350 personas del Congreso y las 263 del Senado- la representación del conjunto de los ciudadanos de España (más de 45 millones de personas), el poder Legislativo, que tiene por trabajos principales elaborar las normas de convivencia por las que nos regimos y nombrar y controlar el poder encargado de su ejecución.

Este trabajo no se agota en la participación y presencia en las sesiones de las Cámaras. Hay que leer, estudiar, reflexionar, escribir, comunicar, debatir, escuchar, para hacer la tarea encomendada. En este trabajo, ésto se ha de hacer siempre. Un político lo es a tiempo completo, incluso cuando cena con sus amigos o pasea por las calles, y que no esté sentado a su escaño -por mandato constitucional- algunos meses al año no quiere decir que esté forzosamente de vacaciones. O no debería estarlo.

Claro, Manuel, esto es la teoría y debería ser así, pero, ¿y en la práctica? En la práctica la imagen que se ha instalado es la contraría, que estamos de vacaciones. Seguramente por culpa nuestra, de nuestra actitud y comportamiento, del funcionamiento orgánico de los partidos, de la exigencia social, de la negativa confrontación partidaria. Lo hacemos mal. No sabemos transmitir a la sociedad nuestro papel y nuestra función, lo que comporta y lo que representa. Los enemigos de la democracia lo aprovechan. Ahora con especial insistencia. Hace falta rebatirlo.


Madrid, 11 de febrero, 8 de marzo.

Transparencia. Ahora, el patrimonio.

Desde el primer día del presente mes de marzo en la ficha individual de cada diputado/a que está en la web pública del Congreso figura la declaración de actividades que obligatoriamente debemos formular al inicio de cada mandato y cada cuando hayan variaciones.

Lo que cobramos de sueldo los diputados/as también es público. Ya hace tiempo que en la misma página web -no de forma individualizada- se puede saber el importe por los conceptos por los cuáles se nos retribuye y las dietas (que no son retribuciones) que podemos percibir.

Ahora, algunos, ya han propuesto el siguiente hito a conseguir: la publicación de nuestro patrimonio. La declaración de lo que tenemos ya hace tiempo que se hace, pero no es pública. Creo que es adecuado que sea así. Hasta aquí.

Por esto, quiero manifestar mi discrepancia sobre esta nueva pretensión. Entiendo que los que cobramos del erario público tengamos que ser transparentes en esto. Que se conozca qué cobramos y que no incurrimos en incompatibilidades reguladas y establecidas.

¡Hombre!, ya me gustaría a mí también conocer los costes salariales y los beneficios obtenidos por los bienes y servicios que adquiero y si también los que me los proporcionan tienen incompatibilidades. Desde el pescado que compro en la plaza, al diario que leo o al uso del cajero automático de mi entidad financiera. Pero, vaya, ya entiendo que la opacidad y demanda de transparencia sólo va hoy en una sola dirección. Es fácil pedir cuentas a los que vivimos del excedente y muy conveniente para el funcionamiento de una democracia.

Pero el patrimonio es una cosa personal y privada. Quizás es fruto de circunstancias externas a quien lo tiene, o de actitudes personales de comportamiento que no entiendo por qué han de estar en la boca y el conocimiento público. El patrimonio puede venir de trayectorias históricas familiares, de decisiones de vida sobrevenidas por suerte o por búsqueda interesada, por comportamientos individuales austeros, avaros, prudentes, pródigos, rigurosos o despreocupados.

¿Por qué he de explicar que fruto de estas u otras vicisitudes tengo lo que tengo? Si lo que obtengo, las rentas, me lo gasto bien o mal, si ahorro mucho o poco, si lo que tengo, lo uso o lo contemplo, es un tema y problema exclusivamente personal del que no creo que tenga que dar ninguna explicación.

Seguramente este comportamiento personal se traducirá casi de una forma mimética, o no, en el estilo de ejercer las responsabilidades públicas con los resultados consiguientes. Lo que se debe valorar en un político es la gestión del trabajo encomendado y sus propuestas para la vida colectiva. No lo que hace de puertas adentro de su vida privada mientras esté dentro las normas legales y pautas de convivencia generalmente aceptadas.

Madrid, 4 de marzo.

12 enero, 2010

Generación Espriu.

En la barbería me encuentro con una “Vanguardia” atrasada y tropiezo con un artículo de Francesc-Marc Álvaro. “De Espriu a Macià” del 23-12-09.

Ciertamente, soy de la generación Espriu. Ahora se habla poco de él. Como otros poetas que tienen su momento y después desaparecen. Pero es verdad, fue el poeta de mi juventud, del tiempo de mi formación. fue aquel que me dejó impronta, evidentemente no solo por su estilo literario sino por el contenido de su obra, por lo qué pretendía decir o por lo que yo entendí que decía.



Escultura de Manuel Cusachs inspirada en el poema de Salvador Espriu “Sentit a la manera de Salvador Espriu” del libro El caminant i el mur.

Ets estesa pell de brau,
vella Sepharad.
El sol no pot assecar,
pell de brau,
la sang que tots hem vessat,
la que vessarem demà,
pell de brau.
Si esguardo damunt la mar,
si em perdo lluny del cant,
si m’endinso somni enllà,
sempre que goso mirar
el meu cor i el seu esglai,
veig l’estesa pell de brau,
vella Sepharad.

Crecí marcado por el ambiente de la post guerra civil. Por el silencio sobre lo que había pasado, por el miedo de los vencidos, por la carencia de libertades, por el deseo de normalidad democrática, por la esperanza de poder trabajar en la construcción del futuro, lo que me era negado. Hicimos, hice, la Transición y construimos las posibilidades de vida colectiva que ahora disfrutamos. Estoy satisfecho y me rebela la crítica que se hace, desde el desconocimiento o el oportunismo, de aquellos esfuerzos.

No acepto que se diga que todo esto no ha sido exitoso o que se esté yendo a pique, tanto en Cataluña en España. Que haya alguien que lo quiera, tanto de un lado como de otro, es posible. Pero hay que aguantar y hacer que los avances sean irreversibles. Porque ha habido avances, ¿quien lo duda? Por mala fe quizás se pueden hacer discursos, pero la realidad objetiva es la que es. Si Prat de la Riba o Macià levantaran la cabeza quedarían sorprendidos.

¿Que hay alguien que quisiera ir más allá? ¿Que está insatisfecho/a? Cierto. Entre las nuevas generaciones -que ya han crecido en la libertad y que han podido ser educadas o adiestradas (¡Ey, que es legítimo!) abiertamente en condiciones democráticas- quizás que se den estos deseos. Pero, los mayores, no podemos olvidar aquello que trajo a nuestros planteamientos: el recuerdo de la tragedia colectiva que representaron los años treinta del siglo pasado, la voluntad de acogida e integración social del tercer cuarto de aquel siglo y el deseo de construir todos juntos nuestra vida en común.

Algunas operaciones han fracasado, habrá que analizar el por qué. La operación reformista no puede ser puesta como ejemplo de nada. Algún día se explicará todo, todo lo que todavía no se sabe, ¿verdad? Los socialistas catalanes también tendremos que reconocer nuestras carencias fruto de la ambigüedad, la cobardía y la falta de perseverancia. No hemos aprovechado la expresión que han manifestado reiteradamente los ciudadanos/as de Cataluña para hacerla valer suficientemente allá dónde tocaba. ¿Hay que volver a recordar cuáles han sido estas manifestaciones y su resultado? Hemos tenido demasiados complejos ante otras opciones para sacar pecho del espaldarazo que nos daban y por qué lo hacían.

No me resigno. El trabajo no está terminado ni de lejos y no se puede abandonar. Sólo llevamos en él treinta años, una generación y media. Ya sé que el mundo de hoy quiere inmediatez y resultados tangibles, pero la historia nos enseña de movimientos de largo alcance que no siempre acaban triunfantes sino que a veces se escurren por sus cloacas. Las apuestas deben mantenerse hasta que son imposibles, y yo todavía creo en la posibilidad de la nuestra. Si otros planteamientos políticos se afanan para hacerse un lugar, ¿por qué no podemos nosotros luchar también por los nuestros? ¿Por un plato de lentejas? Ya lo sé que hay resistencias al cambio, que cuesta entender la diversidad, que se quieren mantener privilegios. ¿Y dónde, si no en todas partes, no pasa ésto? ¿Nos echaremos atrás por los ladridos de algunos guardianes de las esencias patrias? De las patrias que sean.

Este año que se acaba puede haber sido el de la emergencia de alternativas. El año próximo puede ser, o no, el de la continuidad de la afirmación del sueño de la generación Espriu.

Diversos són els homes i diverses les parles,
i han convingut molts noms a un sol amor.

La vella i fràgil plata esdevé tarda
parada en la claror damunt els camps.
La terra, amb paranys de mil fines orelles,
ha captivat els ocells de les cançons de l’aire.

Sí, comprèn-la i fes-la teva, també,
des de les oliveres,
l’alta i senzilla veritat de la pressa veu del vent:
“Diverses són les parles i diversos els homes,
i convindran molts noms a un sol amor."

Salvador Espriu: La pell de brau. 1960.


Museo Ludwig. Colonia.

Mataró, 30 de diciembre.

01 enero, 2010

15 noviembre, 2009

Dónde empieza el embrollo.*

*artículo para El Punt.
En el momento económico y político actual vuelve haber escandalera sobre la mala financiación de los Ayuntamientos. Al final deberé rendirme y aceptarlo. He mantenido -todavía lo mantengo y no soy el único- que esta queja se ha convertido en un tópico. Un tópico que hace muchos años que dura, demasiados. Lo empezamos a decir los responsables municipalistas en los años ochenta y ha atravesado varios ciclos económicos, con sus momentos de recesión y de crecimiento. Ha subsistido a gobiernos de signos diferentes, que han ido haciendo retoques al tema de más o menos calado y relevancia. Y todavía se mantiene la queja. Curioso, cuando menos.

Estos días, con los últimos casos conocidos o destapados de pretendida corrupción en el mundo local se vuelven a levantar voces que sitúan un posible origen de los hechos en la mala financiación de las Corporaciones locales sin distinguir en la diferenciación evidente entre las Corporaciones y sus administradores.

Pero seguramente puede parecer que hay un punto de verdad en el origen de los problemas: la utilización del urbanismo como fuente para buscar recursos con los que nutrir las arcas municipales. Estaría casi dispuesto a aceptarlo. Quizás sí que algunos, o muchos, Ayuntamientos han utilizado esta vía. ¿No tenían otros recursos? Ciertamente que sí. Pero, ¿los utilizaban? O, digámoslo mejor, ¿tenían bastantes recursos para hacer lo que querían hacer? Aquí seguramente responderemos que no. Que les faltaban recursos, no para hacer lo que tenían que hacer, sino para hacer lo que querían hacer (que es otra cosa).

Y aquí, para mí, es por dónde empieza el embrollo. ¿Qué es lo que querían hacer?

Creo que una de las características de nuestras sociedades ricas (y borricas) es haber perdido la noción de los límites. De su existencia. De aquella vieja noción de la economía como la ciencia de la administración de los recursos escasos susceptibles de ser usados con finalidades alternativas. Recursos escasos, pero considerables, frente a necesidades infinitas y discutibles, pese a que las más perentorias están cubiertas de sobras.

Ahora, las demandas ciudadanas, vehiculadas directamente, o por medio de entidades y asociaciones, o por los medios de comunicación, o por los propios partidos políticos, creo que están desbocadas (”No n’hi ha prou!” ¡No es suficiente!- Viejo grito de guerra de la chiquillería para volver a hacer bailar a los gigantes. Qué imagen, ¿no?). Y por parte de los gobiernos locales -tal y como están configurados en la actualidad (¡Ah, la ley de Hont!)- hay poca capacidad de resistencia crítica a ellas.

Resistencia crítica he escrito. No quiere decir que la administración ha de oponerse por sistema a las demandas ciudadanas, sino que quiere decir que las debe valorar de acuerdo con los recursos que tiene y las prioridades de gobierno que ha establecido, que se supone que responden a la oferta primero electoral y después programática de los que mandan.

Difícil, muy difícil. Y más ahora que se pone de manifiesto que el crecimiento se ha interrumpido, que ya no hay bastante para ir diciendo que sí a todo y a todo el mundo, y por si todavía no nos habíamos dado cuenta que no podíamos continuar por esta senda alocada de acabar con nuestro planeta.

Mataró, 12 de noviembre.

21 octubre, 2009

De demografía.

El único dato que diferencia la evolución económica de España de la de los países de nuestro entorno y de parecido nivel es el elevado volumen de paro. En este momento, la última cifra, 18,9 %, frente a la media de la U.E. a 15 de 9,3 %. ¿Cómo es posible que con la misma caída del P.I.B., o menor, que Alemania, Francia o el Reino Unido, nosotros tengamos el doble de tasa de paro? Claro que cuando las cosas iban bien y registrábamos la tasa de paro más baja de todos los tiempos, 8,3 % a finales del año 2007 (¡Justo ahora hace dos años!), nos habíamos acercado mucho a la media europea (7,- %) pero todavía estábamos por encima.

Siempre se explica que la causa principal de este hecho es la concentración de actividad en determinados sectores, la construcción, la hostelería,..., muy intensivos en mano de obra poco cualificada.

Me ha intrigado, ya hace algún tiempo, el fuerte crecimiento que ha tenido la población activa española en los últimos años y quise compararlo con el de países parecidos. El siguiente cuadro es una elaboración propia a partir de datos extraídos de Eurostat y por lo tanto parece que, a menos que yo me haya equivocado en algo, son correctas.

Fuente: Eurostat. Los datos de población están en miles. El intervalo 1997-2008 responde a la disponibilidad de los datos. Los países escogidos lo son en virtud de su tamaño y proximidad tanto geográfica como socioeconómica.

A simple vista saltan algunas cosas:

1. El crecimiento de la población total. Hecho bastante conocido: España ha tenido el crecimiento más elevado, de un 15,69 %, más del doble del siguiente que es Francia, debido a la avalancha inmigratoria que se ha producido en estos años. Aunque la comparación revela ya un gran crecimiento.

2. El crecimiento de la población activa. Espectacular en el caso español, ¡¡El 41,64 %!! Los otros países también han crecido, pero más moderadamente. El doble factor de la inmigración, ya comentado, y la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, explican esta elevada tasa. También es conocido. Lo que no sé si se ha resaltado suficientemente es la brutalidad del incremento. Que en doce años un país incremente su población activa más de un 40 % debe de ser para explicar en los libros de historia económica. Las tasas de otros países, en torno el 7-8 %, deben ser mucho más normales.

3. La relación población activa/ población total. Lógica derivada de los datos anteriores: Ya estamos en el 50,41 %. Hemos aumentado más de 9 p.p. en este periodo, triplicando el que viene detrás que es Alemania y casi llegando a su nivel. Curiosa, o no, la baja tasa italiana, 42,29 %.

A partir de aquí, alguna duda. Respecto al tipo de ocupación que teníamos y las causas del crecimiento del P.I.B. Quizás sólo es que éramos muchos más, ¿O, no?

Respecto a las posibilidades de absorción a corto plazo de la gran masa de parados que se ha producido en tan poco tiempo. Parece difícil. Los cambios de modelo económico, si son posibles, requieren tiempo.

Entonces, ¿El problema de la elevada tasa de desocupación va para largo? Seguramente

¿Y si el planteamiento fuera otro? ¿Si el dato fijo, o más rígido, en la situación actual fuera la economía y no la población? ¿Podríamos ajustar esta última? Es un planteamiento imposible. Hoy en día el dato de la población es tanto o más rígido que la economía. Incluso el componente inmigración es, creo, irreversible, aunque sólo sea por razones morales. (gracias por la observación, Esperança).

Entonces (otra vez), ¿Qué políticas de convivencia debemos construir para que la situación social no se nos vaya de las manos? Campo para recorrer en el debate político. ¡Atención!

Madrid, 21 de octubre.

25 septiembre, 2009

Cita.

“Nada es pesado –me digo- si lo sobrellevas, y nada es irritante si tú no añades tu propia irritación.”

Séneca. Cartas a Lucilio.

Mataró, 25 de septiembre.

15 septiembre, 2009

Dar gato por liebre.*

*artículo publicado en el diario El Punt. (10-09-09)

Este año, el recurrente calentón nacionalista que acompaña la conmemoración del 11 de septiembre (la Diada nacional de Cataluña) se llama “referéndum” en Arenys de Munt.

Sí, escribí referéndum entre comillas para indicar que pese al nombre no es lo que se entiende realmente como tal en la teoría y en la práctica política.

Veamos, una entidad de la localidad denominada Moviment Arenyenc per l’autodeterminació (MAPA), de la que desconozco si tiene personalidad jurídica (quizás si, o quizás no), decide preguntar a sus conciudadanos una cuestión relativa a la independencia de Cataluña.

Bien, nada que objetar. Preguntas, implícitas o explícitas, en público o en privado, de particulares o de entidades (sean o no personas jurídicas o todo lo contrario), en la sociedad de hoy y de aquí, o de antes y de cualquier lugar, siempre las ha habido, siempre se hicieron.

¿Qué consecuencias tiene este tipo de acciones? Jurídicas, ninguna. Para crear opinión y mantener la tensión (fer bullir l’olla) de quien las hace, pues, más o menos. Per ejemplo, la prensa catalana pregunta: “¿Cree, o desea usted, que el Barça vuelva a hacer el triplete este año?” “¡Sin duda, faltaría más!”, sería la respuesta casi unánime de los que contestasen. Ahora bien, de aquí a que esto se produzca en realidad, ¡Vaya usted a saber! Hay que jugar muchos partidos y ganar más de los que ganen los adversarios.

Pero resulta que el pleno del Ayuntamiento de Arenys de Munt se entromete y en sesión plenaria toma el acuerdo por mayoría (Es decir hace un acto administrativo) sobre aquella pregunta del MAPA hasta aquel momento privada.

Desconozco la literalidad del acuerdo municipal. Tampoco es relevante para mi argumentación. Puede ser que sólo diera soporte material a la realización de la consulta que hace una entidad de su localidad, o puede ser que asumiera y haga suya la propia consulta poniéndose en el sitio de la entidad.

En el primer caso nos encontramos delante de un problema de gestión de los recursos públicos locales cedidos a particulares en forma de personal y de servicios (edificios, limpieza, electricidad, instalaciones,…) que en virtud de la autonomía municipal ya rendirán cuentas, ya serán responsables de ello, delante de sus conciudadanos/as que son los que nutren sus arcas. Todo el mundo se los gasta como quiere y cree y después los electores ya lo valorarán. Soy consciente de que en este caso estoy obviando aspectos jurídicos importantes, pero en los que ahora no quiero entrar. Continuo dejando el tema en el ámbito de una consulta privada con todo lo que comporta como consecuencia: nada, humo de paja con ayuda pública (por cierto, existen tanto ejemplos de ello…)

En el segundo caso el Ayuntamiento asume la consulta directamente. ¡Alto! Esto ya es otra cosa. Nos encontramos ante un acto administrativo que es nulo de pleno derecho ya que quien lo toma no tiene competencias para tomarlo.

Es que además, y aquí empieza el engaño que se pretende hacer a la ciudadanía, no se dan, porque no se pueden dar, los requisitos democráticos, reitero, democráticos, de una consulta o de un proceso que ha de ser reglado, que no puede ser discrecional. Veamos, a modo de ejemplo, ¿Quién nombra los componentes de las mesas de la consulta? ¿Qué censo se utiliza? (Cuidado, amigo Mora -el Alcalde de la población-, que aquí puedes pillarte los dedos y lastimarte) ¿Quién controla la acción de entregar las respuestas? ¿Cómo se garantiza el recuento y los resultados? No, no me digan que todo se hará bien y de buena fe. En los procedimientos democráticos estos conceptos no existen. Existen requisitos públicos refrendados por los órganos de las instituciones competentes para tomarlos. Y los ayuntamientos no los son y, por tanto, no los tienen.

Ya entiendo la inquietud y el nerviosismo de los que tienen respetables ideas sobre el tema de la independencia de Cataluña (y también sobre otros temas. Yo también las tengo sobre otros temas y me encuentro en la misma situación y por esto estoy en la lucha política). Pero esta gente debe comprender que han de buscar las fórmulas para hacer que sus ideas sean no solamente respetadas (que ya lo son) sino aceptadas, ampliamente aceptadas, a través de las instituciones pertinentes. ¿Hay que recordar que Adolfo Suárez forzó a los procuradores franquistas a hacerse el harakiri para empezar legalmente la transición democrática que de otra forma no hubiera podido empezar a andar?

¿Qué para esto han de mantener la tensión? Es perfectamente comprensible y plenamente legítimo y legal en una sociedad libre. Ahora, de aquí a darnos gato por liebre hay un trecho. Esto no es un referéndum, ahora sin comillas, esto es un entretenimiento y como tal hay que considerarlo.

Que se tomen un antipirético para bajar la fiebre los unos, o un antihistamínico para la urticaria los otros y que guarden cama unos días. Después todos nos encontraremos mejor, estaremos más sanos.

Madrid, 8 de septiembre.