03 noviembre, 2018

Aspavientos.


Ahora todo son aspavientos, supongo que sinceros. Sin embargo lo cierto es que se veía a venir –y continuará- y las lamentaciones, las exclamaciones y las imprecaciones también.

¿Saben algo de historia y de política quienes nos han metido en este lio? Me temo que no, que poco, aunque algunos sean profesionales de ello. En su nube (ahora también digital) han construido un mundo ajeno a la realidad. ¿Pensaban que lo que hacían y decían saldría gratis? ¿Tan poco conocían o valoraban el alcance de su envite? Tanto los que lo hicieron, como los que contemporizaron con ello, como los que lo comprendieron, ¿no creían que acabaría así? Cierto, irá así, y todavía no ha terminado, faltan muchos actos por venir. La reacción acaba de empezar, veremos donde se para. Pero pintan bastos.

Era, y es, de esperar la magnitud de la respuesta al órdago lanzado y –de la forma que se ha producido todo- también era, y es, de esperar la sorpresa a la respuesta. Demasiada, ocultación, demasiada “astucia”, demasiada ambigüedad, demasiada ambivalencia, demasiada ingenuidad, demasiado nadar y guardar la ropa. ¿El final del camino, “à bout du souffle”? Pues no lo sé. Hace exactamente tres años lo dije y me equivoqué, estamos en el mismo sitio. ¿En el mismo sitio? No. Mejor según unos y peor según otros. Parece que esto va para largo, paciencia.

Mientras tanto se va degradando la convivencia en el ámbito privado y en el espacio común, la gestión pública y la administración, las relaciones exteriores a la que se les traspasa el problema,... Una sensación de cansancio va invadiendo la sociedad. Mal rollo. Todavía nadie quiere, o puede, ceder y el tema se alarga. Algunas voces voluntariosas claman sin encontrar eco, al menos perceptible.

Continuaremos viviendo. Las colectividades –en su evolución- siempre han estado en conflicto. ¿Por qué ahora tendría que ser distinto? Al final iremos adelante o atrás según cómo y desde dónde se mire. Siempre es así, la mirada colectiva es poliédrica.


Hay un buen trecho entre los sueños y la realidad

Nada cura las heridas como un bello sueño.
¿Quien no arriesgaría la vida por un bello sueño?
¿Qué sería de nosotros sin un bello sueño?
¿Qué haríamos del día y de la noche?

Para construir un bello sueño
hay que ser, además, suficientemente espabilado
-cuando se tuerce la fortuna-
para salir de entre los escombros 
y hacer otro rápidamente.

J.M. Serrat, "Para construir un bello sueño". 1989.

3 de noviembre.

26 octubre, 2018

¿Hablar con el PSC? ¿De qué?


Casualmente llego al conocimiento de un artículo publicado en el diario ARA (20/10/18) por Jordi Muñoz (supongo que lo de politòleg que viene detrás de su nombre con el mismo cuerpo de letra es su profesión, que no sé si su oficio). Ni soy lector del mencionado periódico ni conozco de nada al autor del artículo, pero el título me atrae: Hablar con el PSC. Lo leo intentando comprender qué dice y qué quiere decir.

Evidentemente el autor escribe desde la óptica independentista (perdonen, no he sabido discernir nunca entre nacionalistas, soberanistas, independentistas,…). Dice que el PSC ha hecho una clara involución en sus planteamientos desde el programa electoral del 2012 hacia acá. Cierto, los que mandaban entonces, con el lirio en la mano y con los tejemanejes de algunos miembros de su dirección, apostaron por el “derecho a decidir” que después quedó claro que era el derecho a decidir la independencia (como si no fuera evidente desde el principio). Escaldados, aquellos que consiguieron mantener con vida una organización dinamitada por dentro y bombardeada por fuera –en unos tiempos turbulentos, todo hay que decirlo- se han replegado a posiciones más comprensibles para sus bases orgánicas y electorales.

El autor dice y es cierto, que este repliegue ha alejado al PSC de la centralidad política. Evidente, si la centralidad política se define como el punto central de debate de la sociedad, ésta es aquí el tema de la independencia. Este debate está protagonizado por posiciones heterogéneas, a un lado y a otro, que lo único que tienen en común a discutir es su posicionamiento sobre este punto, a favor o en contra. Pero, ¿tienen alguna cosa más en común? Evidentemente no. Ni el modelo de sociedad, ni su posición en el mundo, ni los instrumentos de acción política: “Cabestros contra borricos”, toda una metáfora.

Los socialistas, dice el autor, siguen teniendo una posición clave. Quizá, ¿pero sobre qué? Y dice que hay que preguntar de entrada al PSC si cree que los referéndums polarizan más o menos que enviar policías antidisturbios. ¡Ah… la clave! El terreno del debate es el suyo, el de los “indepes”. “En esta sociedad el debate sobre la independencia hace años que está asentado y por lo tanto un referéndum es la seguramente forma más civilizada de resolverlo”. Evidentemente después de encender el fuego la forma de apagarlo es el agua.

Pues no. El terreno de debate es el de explicar racionalmente el engaño al que se ha conducido a una importante masa de población que se ha creído las alocadas proclamas de una pandilla de insensatos (perdonen otra vez… a este pobre pecador, pero después de lo que vemos cada día no creo que sea un calificativo insultante). Por cierto, el 1 de octubre del año pasado, mientras que hubo alcaldes o alcaldesas que se pusieron delante de los antidisturbios para que les zurraran y alcanzar el martirio, hubo otros –socialistas- que lograron persuadir a los que mandaban  aquellos antidisturbios que lo que iban a hacer era una locura tan grande como la que pretendían reprimir y de esta forma evitaron acciones torpes.

Por lo tanto, creo, y solo soy un simple militante de base sin ninguna responsabilidad orgánica, que el PSC debe continuar intentando calmar los ánimos, serenar el país y conseguir devolver la centralidad política a la sensatez que se ha perdido en Cataluña. De esto sí que creo que puede hablarse con el PSC y me parece que lo hace patente cada día. Ni avalar la represión ni degradar la convivencia, sino lograr la convivencia para que no haya represión.

26 de octubre.

29 septiembre, 2018

¡Reconocerlo! ¡Dejadlo!


Manuel Cuyàs, tan distante ideológicamente y tan cercano cívicamente (y físicamente, ya que vive a dos manzanas de mi casa), publica un artículo diario en El Punt-Avui. El de hace pocos días, 27/9: “Estremiment a Estremera”. También acaba de conceder una larga entrevista a Catalunya Plural, a mi viejo conocido Siscu Baiges, con una foto desde el balcón de su casa en la Rambla de Mataró, de la casa del “nét del pirata” (el nieto del pirata). Dice cosas para comentar. Algunas ya me las ha contado y hemos debatido de ellas tomando un café en la terraza del Iluro. ¡Ah!, aquellos tiempos, Manuel, en que quedábamos para tomar un gin-tónic. Nos hacemos mayores.

Ha leído el libro que acaba de sacar Joaquim Forn (que era el Consejero de Interior en el gobierno Puigdemón), preso ahora en la cárcel de Lledoners, en el que el autor empieza diciendo que nunca había pensado que acabaría en la cárcel. ¡¡Sensacional!! ¿Qué se pensaba que le pasaría si no triunfaba la revuelta que impulsaba el Gobierno del que formaba parte como responsable de las fuerzas de orden público? ¡Por favor! O entonces era un iluso o un ignorante, o ahora nos engaña y echa la lagrimita. Pero, ¿de verdad no había pensado nunca que esto podía acabar así? ¿No era consciente que estaba en el equipo dirigente de una revuelta? ¿Qué se pensaba que estaban haciendo? ¿Jugando al parchís? No nos merecemos gente así.

En la entrevista a Catalunya Plural explica cómo vivió en su casa una cena, supongo que bajo la mirada del retrato del corsario Cuyàs i Sempere, con unos amigos “indepes” la noche de la proclamación de la podríamos decir non nata República Catalana, el 28 de octubre del año pasado. (Leo en la Wikipedia que así también se denomina la Constitución española de 1856). Excitación, abrazos,… va, ¡poned la tele que veremos cómo nos van reconociendo los Estados del mundo mundial! Después, la decepción. La rechazada bandera del estado opresor todavía hoy luce a las puertas de todas las comisarías de los Mossos d’Esquadra del país. Unos, pies para que os quiero, al exilio. Otros, mansos como corderitos, derechos a la cárcel y, fuera y dentro, todavía están allá y parece que por mucho tiempo.

No, no hace falta que ahora deis la razón a los que hace tiempo os decíamos que esto no podía ser, que no se daban las condiciones para ello, que no tenías fuerza, que todo eran palabras vacías. No hace falta que nos pidáis perdón por todo lo que nos habéis dicho, y que todavía nos continuáis diciendo, de traidores y “butiflers” para arriba. No hace falta, miraremos hacia otro lado, “pelillos a la mar”, todo sea por el apaciguamiento del país. No es la hora de los reproches si queremos seguir adelante.

No, no hace falta que reconozcáis que no había nada preparado, que habéis engañado a medio país y especialmente a la buena gente, a la gente sencilla, que ha confiado ciegamente en vosotros, os ha creído y ha salido a la calle en disciplinados rebaños que habéis conducido al matadero.  No, no hace falta ir por la calle cabizbajos y golpeándoos el pecho arrepentidos de la engañifa que habéis construido. No lo tendremos en cuenta, convendremos en que sois gente normal, de casa.

Si al menos, podríais decir que os habéis equivocado. Que pensabais que las cosas irían de otra forma, que creíais que España, el Estado español que llamáis vosotros, era un churro, un espantapájaros y que a la hora de la verdad es un Estado más firme de lo que decíais y con una mala salud de hierro; que estabais convencidos que tendríais Europa a vuestro lado y ha resultado que, mira por dónde, Europa nos ha fallado” como me dijo una vieja amiga; que la gente, un montón de gente como la que estáis acostumbrados a movilizar, ocuparía las plazas y las calles y no se movería de ellas desafiando a qué y a quien fuera, el tiempo que hiciera falta, y… solo unos cuántos se han puesto un lazo amarillo en la solapa i se ha arrejuntado para los mayores hacer encuentros “chiruqueros” y performances teatrales los más atrevidos.

¡Reconocedlo! ¡Dejadlo! No, no hace falta que hagáis una ida a Canossa, no son tiempos para estas cosas. Pero sí que lo más sensato es bajar la bandera (estelada) e ir a pedir un armisticio a Madrid (¡Ufff!, que fuerte, ¿no?, pero los Estados Mayores han de reconocer el estado de las fuerzas, de las propias y del enemigo. Recordad el triste final de la consigna “Resistir es vencer”). Sí, y empezar una gradual retirada, acabando con el parloteo incontrolado de cada día sobre el tema; retirando las banderas independentistas y los llamamientos institucionales de los espacios públicos; normalizando la decoración de los despachos de las administraciones públicas; descolgando las pancartas de los estudios centrales de TV3 i desmontando la “Tele-procés”; retornando la neutralidad de los funcionarios públicos; no engordando más, con el dinero de las donaciones monjiles, a los picapleitos que os llevarán hasta el fin del mundo con las argucias de su trabajo; dejando de engrasar la variada sociedad civil y sus manifestaciones de una forma sesgada; no aventando más las brasas para mantener los rescoldos encendidos de la fiesta…, y sobre todo volviendo a las tareas que tenemos encomendadas que son muchas, que llevan tiempo desatendidas y que reclaman soluciones, algunas urgentes. Buscad, además, la forma de acercaros a otra gente sensata, todavía quedan algunos, para volver a coser el cuerpo social hoy escindido. No podemos permitirnos una sociedad partida en la que el odio predomine sobre nuestras relaciones. Haced el favor, levantad el pie del acelerador del artefacto que conducís que no os está llevando a ninguna parte.

Y en el armisticio se puede hablar de todo –que no quiere decir que se llegue a acuerdos en todo- especialmente si se mantiene en la otra parte un Gobierno que no quiere la guerra, que quiere el entendimiento, que comprende que hay cosas que negociar. Si en el otro bando vuelven hacia atrás, a unos meses atrás, lo tendremos jodido. Los de antes sólo creen en el garrote y ellos lo tienen mayor, más grande. Perderéis de todas todas.

¿Un referéndum, Manuel? Tal como están las cosas, ni de aquí a cuatro años como suspiras tú. Cuatro años como mínimo para normalizar la situación, para volver a hablar tranquilamente, poco a poco, de forma distendida. Cuando todo esté más sosegado, los diplomáticos harán, o habrán hecho bajo la mesa, su trabajo y podrán ofrecer al país, a las generaciones futuras del país, a los de uno y otro bando, una solución factible para todos. Así lo espero, y deseo, no sin la duda de su dificultad, empezando por el armisticio.


29 de septiembre, en recuerdo del 1 de octubre del año pasado.

10 septiembre, 2018

El 11 de septiembre.


La guerra de Sucesión a la corona de España (1701-1713) fue una guerra entre las monarquías europeas  por la hegemonía continental. Una mayoría de las élites catalanes de aquel momento se apuntaron al bando que al final resultó perdedor y resistieron hasta más allá de sus posibilidades (1714).

El resultado de la victoria de unos y la derrota de los otros configuró en los territorios peninsulares un nuevo orden político. Cataluña por el Decreto de Nueva Planta (1716) perdió las constituciones políticas que tenía hasta entonces dentro de la monarquía española.

El Duque de Berwick se lo explicó a los valencianos tras la batalla de Almansa (1707):

Este Reyno [sic] ha sido rebelde a Su Magestad [Felipe V] y ha sido conquistado, haviendo [sic] cometido contra Su Magestad una grande alevosía, y assí [sic] no tiene más privilegios ni fueros que aquellos que su Magestad quisiere conceder en adelante.


Es la historia, bien conocida. ¿Alguien piensa, en serio, 300 años después, que existe fuerza para revertirla y que esto puede tener especial interés, y que vale la pena, en el mundo de hoy? Parece ser que sí y son unos cuantos. Tenemos que desilusionarles antes de que se estrellen y nos estrellen a todos. Hablar claro (como aquí). Decirles la verdad.



Hace tiempo, un día de Santa Lucía, hice de “palmero” de Manolo Escobar sobre los restos de los huesos de los últimos defensores del estandarte de Santa Eulalia.

10 de septiembre.

08 septiembre, 2018

No he de pedir perdón.


Creía que tenía este escrito publicado en alguno que los blogs que he tenido o que todavía utilizo y en ellos lo busqué inútilmente. No, fue publicado en el semanario Capgròs antes de que pusiera en marcha mi primer blog, en noviembre del 2004, en unas colaboraciones quincenales que hacía en él tituladas “Des de Madrid” y luego, su traducción, en la revista Temas, nº 121, del mismo año.

Como el tema vuelve a resurgir –en medio del ambiente político existente- he pensado que vale la pena volver a publicarlo, ya que –catorce años después- continúo creyendo en la vigencia de su contenido, pensado lo mismo que escribí entonces. Seguramente lo que ha cambiado es el entorno político y probablemente quien lo lea no lo verá igual. Cierto, quizá me he quedado en minoría y en fuera de juego.





NO HE DE PEDIR PERDÓN.


Preside mi despacho de Diputado en Madrid una caricatura de mi padre (con el que tengo un cierto parecido) hecha en la Prisión Modelo de Barcelona el mes de diciembre de 1939 cuando estaba “hospedado” en ella como consecuencia de su pertenencia al bando perdedor de la Guerra Civil española.

El Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana de Catalunya planteó en el Congreso de Diputados una propuesta para que el Estado Español pidiera perdón a las instituciones catalanas por el juicio y fusilamiento del que fue Presidente de la Generalitat de Catalunya Lluís Companys.

Esta propuesta – hecha por quien la hace – es una contradicción en si misma. Contradicción que supongo que es deliberadamente asumida por sus proponentes. El Grupo Parlamentario de ERC es un grupo del Parlamento de España, y este Parlamento democrático no es continuador del Estado franquista – de la Dictadura – que gobernó España durante casi cuarenta años. Mejor dicho, este Parlamento es precisamente la representación de la diferencia entre aquel sistema político y el que tenemos en la actualidad. El Parlamento no puede pedir nada al Estado (¿?) entre otras cosas por ser él el máximo depositario de la soberanía popular, y se lo tendría que pedir a si mismo. Y en el caso que nos ocupa, tendría que pedir perdón por una cosa que no hizo ni fue el responsable.

Los de ERC pueden intentar confundir al personal, y en virtud de sus actuales planteamientos políticos – que no los históricos – pretender que la Guerra Civil española fue una guerra entre dos entidades estatales: “España” y Catalunya. He escrito España entre comillas ya que España sin Catalunya nunca ha existido como entidad histórica.

La Guerra Civil – como está generalmente reconocido – fue una guerra entre españoles por motivos ideológicos, en la que hubo miembros de los diversos pueblos de España en cada uno de los bandos enfrentados. El dictador Franco era gallego, la oligarquía de Neguri era vasca, March era mallorquín, el “Tercio de Nuestra Señora de Montserrat” estaba formado por catalanes, y los hermanos y poetas Machado estuvieron en lados distintos. El fusilamiento de Lluís Companys, como el de Joan Peiró (que también fue Ministro de la República), como el de tantos otros, fue por lo que representaban de una España diferente a la tradicional y conservadora en cada una de sus facetas, aunque decir esto hoy incomode a los de ERC.

Y ahora, los derrotados de aquella guerra, que con el tiempo hemos conseguido por voluntad popular volver a participar en la construcción de la vida colectiva del país, con evidentes renuncias hacia el pasado y aceptaciones del presente, pero con conseguidas realidades de derechos y deberes democráticos hacia el futuro, no podemos asumir que hemos de pedir perdón por unos hechos de los cuales no solamente no fuimos responsables sino por los que además fuimos gravemente afectados.

Creo, pues, que comprendiendo que hoy ERC quiera en virtud de sus actuales planteamiento políticos independentistas – plenamente legítimos – hacer esta reivindicación, no nos puede pedir a los que tenemos otras posiciones – tan plenamente legítimas como las suyas, y además, no lo olvidemos, con más apoyo democrático – que abdiquemos de nuestros planteamientos y asumamos los suyos.

No he de pedir perdón por el fusilamiento de Lluís Companys, ni como ciudadano ni como Diputado. No creo que lo haya de hacer, ni bajo ningún condicionante lo haré. Por la memoria de mi padre y de lo que representa.



Madrid - Mataró, 16-10-2004.


(Este artículo fue publicado en la revista Temas para el debate, nº 121. 2004)


8 de septiembre.

29 agosto, 2018

¡Por Dios, abrid los ojos! Mirad. ¿Es que no lo veis?*


Dos intentos para combatir el pensamiento separatista. Uno, explicar su irrealidad. Dos, presentar una alternativa.

1.      Después de calificar, twitteando en abierto con una amiga, de malhechores a los políticos presos y huidos al extranjero, levanté una pequeña polvareda entre algunos adictos a la causa independentista. Debate corto y correcto, sin apenas estridencias.
Vayamos por partes:

Malhechor: quien comete actos criminales (según los diccionarios). Acotación. Quien comete actos, es decir, hace cosas. Criminales, de crimen. Violación grave de la ley moral, que en Derecho es una infracción punible de carácter grave.

Evidentemente, quien sustancia en justicia este calificativo es un tribunal. Mi calificativo es una opinión personal sin ninguna relevancia jurídica. Pero lo cierto es que hay un procedimiento en marcha y un juez instructor ha calificado así las acciones (sí, señor, las acciones) de los imputados. Veremos si a la hora del juicio los tribunales correspondientes lo corroboran. Por tanto, una de las primeras falacias que conviene desmontar es que los políticos que están encarcelados hasta ahora provisionalmente lo están por sus ideas. Lo están por sus acciones, pretender implementar un nuevo sistema político-administrativo en Cataluña separado de España, por hacer separatismo.

Podríamos también considerar si la prisión provisional para los encausados (que dura desde el comienzo del procedimiento) es correcta o no o si ya dura demasiado. Hay mucha gente que piensa que no lo es y se tendría que acabar. Opinión respetable (tanto como la contraria) que no ha hecho ninguna mella en la voluntad del juez, ya que las actuaciones (por ejemplo, las fugas) o las declaraciones (del propio nuevo gobierno de la Generalitat) que existen en torno a los presos no han ayudado para nada al respecto. ¿O es que no se entiende la lógica del otro, de los otros? ¿Solo la propia lógica de uno mismo es la correcta? “¡Es que son amigos míos!” se me ha llegado a decir. ¿Y qué tiene que ver con esta circunstancia personal el tema? “Los conozco y son buena gente. Incluso van a misa”. ¡Cuántas quemaduras por poner la mano en el fuego y cuánta gente identificamos con nuestra propia condición!

Oh, pero volvamos al separatismo. “¿Pero esta pretensión no estaba avalada en las urnas por un proceso electoral?” Bien, dejemos de lado si eso es o no así. Habría mucho que discutir: porcentajes, circunscripciones, presencia diversa con posiciones discutibles… Vayamos al meollo de la cuestión. La soberanía para adoptar esta pretensión. “¿Pero el Parlamento de Cataluña no es soberano?” No, no lo es. Es un derivado de la Constitución Española, guste o no guste, mira que se ha explicado veces. ¿Que a algunos les gustaría que fuese soberano? Ciertamente, pero no lo es. ¿Conviene recordar que este presidente de la Generalidad, que dice que los catalanes no reconocen al Jefe del Estado (el Rey Felipe), tiene su nombramiento y puede ejercerlo por un acto firmado por el Monarca? ¿Cabe recordar que los alcaldes, incluidos los de la CUP, deben su cargo a un acto y a un acta de la Junta Electoral del Estado Español? ¿Que si no fuera por eso no podrían firmar ningún papel oficial y que si no fuera por ese hecho, nadie firmaría nada con ellos, ya que no serían reconocidos?

“Entonces, ¿cómo se puede “implementar” la voluntad de aquellos catalanes que creen en esta soberanía inexistente y poder así llevar a cabo las acciones que se crean más convenientes por su propia voluntad?” Pues, como vengo explicando desde hace muchos años, solo hay dos vías: La de la aceptación de que así sea por parte de los que ostentan la soberanía a través de las leyes correspondientes, o la obtención de la misma por la vía de hecho. La primera de ellas es un pacto hoy por hoy imposible (no se va a dar un nuevo harakiri en las Cortes). La segunda vía solo se puede conseguir mediante una revuelta. Lo explica muy bien Pau Luque (“La secesión en los dominios del lobo”. Catarata, M-2018).
El pacto es imposible porque no hay ningún Estado en nuestro entorno y de nuestras características que lo acepte en su ordenamiento. No existen jurídicamente ni el derecho a decidir, ni el derecho a la autodeterminación (no es aplicable a Cataluña el existente internacionalmente. No somos ninguna colonia aunque algunos pretendan venderlo así.), ni el derecho a la secesión. La secesión, en todo caso, se obtiene. Pero esa ya es la otra vía. Cuando se pretende un pacto con menos de la mitad de la población y el resto en contra, cuando las principales empresas del país se van despavoridas, cuando no hay ningún reconocimiento internacional, sino solo advertencias en contra, cuando los impulsores de la medida son encarcelados o se tienen que ir fuera, es evidente que no hay ningún pacto posible que avale la secesión.

La revuelta,… oh, “parole, parole”. Es evidente que hay quien habla de ella, pero ¿existe la fuerza, con todo lo que comporta la fuerza, para llevarla a término? ¿Hay una voluntad secesionista más allá de la “boquilla”? Sí, hay antecedentes, los de Irlanda, por ejemplo, hace cien años, a sangre y fuego. No hace falta ir más lejos y llegar a los neerlandeses (s. XVII) por mucho que a algunos les guste pensar en ellos. También tenemos los resultados de la descomposición del imperio soviético, pero son tan poco aplicables. Los bálticos, otros en las mismas circunstancias. También tenemos pruebas de cómo han acabado algunos otros que lo han intentado. El IRA en Irlanda del Norte que tuvo que claudicar, o ETA en el País Vasco, derrotada precisamente por las fuerzas policiales, jurídicas, administrativas y sociales... del Estado Español.

¡Pero, que nos dejen hablar de ello! Pero si no dejáis de hacerlo. Especialmente desde los medios públicos de manera machacona y reiterada. ¡Que nos dejen contarnos! Pero si lo hacéis a cada elección del nivel que sea (pervirtiendo su objeto), por no hablar de los intentos irregulares.

Y aquí es donde llegamos al país partido. ¡Por Dios, abrid los ojos y mirad! ¿Es que no lo veis? Habéis conseguido romper, aniquilar, el viejo sueño de la izquierda catalana de construir un solo pueblo con los que vivían aquí, independientemente de dónde habían nacido y de qué lengua hablaban. ¿Queréis datos? El primer grupo político en el Parlamento de Catalunya es un grupo catalán (porque así son sus componentes y votantes), el de C´s, anticatalanista. Por primera vez desde el establecimiento de la autonomía catalana una tercera parte de los votantes y de los elegidos han manifestado sus pretensiones anticatalanistas. ¿No tenéis mayor prueba? La coña de Tabarnia, ¿no os resulta significativa tampoco? Pero podemos continuar: ¿Quién ve TV3, por ejemplo? Los catalanohablantes. Los que no lo son no la consideran suya (algunos catalanes de “pata negra” tampoco) ¿Por qué hay catalanes que confían más en los cuerpos policiales españoles que en los Mossos d’Esquadra? ¿Quién va con los lazos amarillos y quién los reprueba? Ojo, que pronto esta división llegará al sistema escolar. Y en un futuro no demasiado lejano. ¿Por qué en el espacio público tiene que haber manifestaciones institucionales partidistas? ¿Qué habría pasado si yo hubiera izado una bandera roja a la entrada de la ciudad cuando era alcalde socialista? La pretensión de ignorar o de obviar la realidad es una característica de los separatistas. Fuera de ellos no hay ninguna otra realidad ni tiene derecho a existir. Este hecho comporta derivas preocupantes. Las hemos visto en la historia no hace demasiado tiempo.

La pregunta que procede hacer a los separatistas es la siguiente. ¿Queréis construir dos comunidades ateniéndoos a dos supuestas características lingüísticas o sentimentales (étnicas es demasiado fuerte)? ¿Como Bélgica, por ejemplo? Supongo que pensar que se impondrá una sola comunidad, la hipotética vuestra, ya es suficientemente evidente que no es posible, ¿no? (Cuidado con el argumento tramposo y torcido del reciente artículo de David Miró en el Ara). ¿Qué había de malo en la construcción que se había hecho hasta ahora? Se habían recuperado la escuela, el idioma, la administración pública, las instituciones.... “Pero queremos ir más allá. ¡Los 14 artículos del Estatuto de 2006 tumbados por el Tribunal Constitucional lo reventaron todo!” ¿Todo? No jodáis. ¿No será que habéis inculcado un elemento irracional, emocional, en el debate? “Nos joden, vienen a por nosotros”. ¡Hala! ¿Lo tenemos que explicar fuera? ¿Con qué argumentos y con qué datos?

Dos comunidades separadas, que no se mezclan, que tienen sus códigos propios, que malviven juntas, ya que no hay más remedio, que se menosprecian, que pueden llegar a enfrentamientos, No sé, no sé, ¿de qué fuentes intelectuales beben actualmente, si es que beben de alguna, los que dirigen la actuación independentista? ¿Del N-VA, la Nueva alianza Flamenca? (leed el apartado de Bélgica del libro de J.M. Martí Font/ Chistophe Barbier, “La Fortaleza asediada. Los populismos contra Europa”, Ed. Península/Plon. B-2018). Cabezas pensantes tienen. Piensen bien o mal. Pero pensar, piensan.


2.       Hasta aquí, pero ahora bien, ¿Qué alternativa hay? ¿Qué se ofrece a la población catalana para no llegar a conclusiones dramáticas de cara a su porvenir y plantearlo en positivo?

La palabra clave es identidad. ¿Solo existe la posibilidad de construir una identidad individual y colectiva desde el pasado o es posible construirla hacia el futuro? ¿Solo desde la lengua (normativizada no hace más de cien años), desde las costumbres y tradiciones (en ocasiones lejanas o supuestas y muchas inventadas), de las instituciones construidas en otro momento histórico (tampoco tan antiguo, pero ya superado), desde las emociones primarias bienintencionadas (ingenuas)...?
Evidentemente, todos recogemos una herencia del pasado en forma de idioma y comportamientos, y la desarrollamos de acuerdo con el entorno en el que crecemos, la socialización que tenemos, y vamos construyendo nuestra propia identidad. En las comunidades cerradas, o que se cierran (etnias, religiones, sectas,...), la preservación de la identidad es muy fuerte. ¿Sucede lo mismo en las colectividades abiertas de hoy en día? Evidentemente, no. No solamente por motivos de las mayores facilidades de los intercambios culturales, sino también per las condiciones de vida, de movilidad, de las mayores posibilidades de acceso a la información... Todo conduce a que lo que “siempre se había hecho, lo que siempre había existido” ya no exista ni se haga tan habitualmente. Lo vemos en los gustos, en las aficiones, hasta en el idioma.  El bilingüismo, o el multilingüismo, se extienden por todo el mundo, hay gente a la que le gusta la comida oriental o americana, la vestimenta se uniformiza, la música es internacional. ¿Qué le dice a un joven catalán de hoy un plato de  ´mongetes´ con butifarra, que era habitual (y a veces sin butifarra) en las mesas de nuestras casas no hace tantos años? Los italianos nos han incorporado la pizza y los noruegos, muy nacionalistas, sacan de casa un vestido tradicional (¿tradicional de cuándo?) solo el día de la fiesta nacional, aquí ni eso, aunque hay algún bobo que reivindica las alpargatas.
En las sociedades avanzadas y abiertas la identidad cambia rápidamente, se adapta al entorno más rápidamente. Solo los fundamentalistas se resisten a aceptarlo. Mantener una identidad estancada es mantener un control desde algún punto (político, religioso, económico,...) sobre la colectividad. Si todo el mundo se atreve a construir su propia identidad, si ésta además sale de las mezclas más impensables e inverosímiles de todo orden (racial, sexual, ideológico,...), la libertad sale fortalecida y el control y la dominación sobre las individualidades retrocede. Las identidades son convenciones sociales, construcciones humanas que no son inmutables, son cambiantes y más en los tiempos actuales.
¿Cuál es el futuro de la identidad catalana? Tenemos que saber leer hacia dónde va el mundo. De aquí a pocos años, los europeos no seremos apenas más del 5% del total de pobladores del Planeta, que todavía no hace 70 años dominaban totalmente, y los “catalanets/etes”, representan el l% de ese 5%. Pasaremos por poco que nos descuidemos a ser los guardianes (masoveros) de nuestro pasado. Nuestras religiones seculares (que aquí languidecen), nuestros pequeños idiomas (con los que no podemos ir por el mundo), nuestras comidas, nuestros olores y colores, serán residuales. Pero a pesar de las guerras seculares que han ensangrentado el extremo del continente euroasiático, eso que se llama Europa, hemos construido la mejor y más apreciada forma de vida del mundo. En el campo político es innegable, como lo es casi en todos los campos de la vida colectiva. Con todas las carencias que queráis hacer notar y el camino que nos queda por recorrer: libertades y derechos, convivencia, servicios comunes, organización política, economía.. Europa, si seguimos por el camino de las viejas identidades que nos proponen los nacionalismos por todas partes, se puede ir hacia atrás en el modelo que ofrece al mundo. A algunos ya les va bien, a los autócratas de más allá sobre todo. No les convienen ejemplos en los que no pueden reflejarse. Grandes partes del mundo, en extensión, pero sobre todo en población, tienen otros modelos que nosotros no desearíamos.
¿Contribuiremos al “nosotros solos” que preconizan populismos diversos desde Noruega a Italia y desde Polonia a Francia? No, nuestra identidad actual catalana -que no es milenaria por mucho que se pretenda- hemos de proyectarla al futuro ayudando al mantenimiento y a la mejora del modelo europeo. ¿Perderemos cosas de nuestra actual identidad? Seguro, ¿no las estamos perdiendo ahora sin darnos cuenta? Crearemos otras con otra gente, con los que están llegando ahora, como lo hicimos antes con los que llegaban antes. ¿O es que ahora no nos gusta comer un gazpacho bien fresquito a la hora del almuerzo? Puede que nos olvidemos de la ratafía, como otros se olvidarán del pacharán, que queramos o no, es lo mismo y de los licores que hacían los monjes en los monasterios, y la sardana quedará como una exhibición de danzas folklóricas del pasado (aunque no sé si tiene algún atractivo como espectáculo). Nuestras Vírgenes quedarán como enclaves de espectaculares panorámicas paisajísticas para visitar y las procesiones como elementos estéticos para atraer al turismo en determinadas épocas del año.
Y nuestras instituciones tendríamos que adaptarlas a las circunstancias de hoy y al mundo que nos rodea. ¿No hizo Pau Vila las comarcas dibujándolas a tiro de carro? ¿No hemos visto la desaparición de las Cajas de Ahorro (con pocos aspavientos de nuestros castizos paisanos)? ¿No vimos la reconversión cotidiana de nuestro tejido económico de toda la vida? ¿No vimos la movilidad social que generó la vieja inmigración y la que seguramente generará la nueva? ¿No estamos discutiendo de turismo y gentrificación de los núcleos centrales de nuestras ciudades como está hablando todo el mundo?
Los independentistas tienen miedo. Miedo de una sociedad nueva que viene y que ellos no quieren, ya que les hunde el discurso. Pasa en todas partes, pero no tiene freno. Es preciso decirlo, explicarlo y trabajar para adaptarnos a esta nueva sociedad. Entiendo que es espantoso para mucha gente, sobre todo sencilla, si no se les enseña, ver que su mundo desaparece, se esfuma. Pero para eso hay líderes en las comunidades que marcan el camino, que dicen a la gente por dónde ir, que arriesgan lo que deben (como Churchill, por ejemplo). Los líderes separatistas no son así, son más bien todo lo contrario. Quieren mantener su sillón, sacarle sus beneficios, obcecando a la gente y llevándola a un callejón sin salida. Manteniéndolos en el pasado.
Debemos decirlo y luchar. No es fácil, pero la gente joven sabe mejor que nadie cómo es el mundo de hoy y el que viene. Han viajado más (qué gran hallazgo el Erasmus/Orgasmus), no les pasa nada por adaptarse a nuevas experiencias, tendrán otra identidad diferente a la que tenían las generaciones anteriores. En el País Vasco se acabó el problema cuando -entre otras muchas cosas- le gente joven dio la espalda a los temas identitarios tradicionales. ¿Hay rebote contra los separatistas entre la gente joven de aquí? Pese a lo que pueda parecer en colectivos estridentes y minoritarios, me parece que sí. En el concierto de Rosario, en la playa de Mataró en la Fiesta Mayor (“Las Santas”), los asistentes se sabían sus canciones y cantaban a viva voz con ella.
Mataró, 25 de agosto.

*Agradezco el interés, esfuerzo y trabajo del Sr. Mariano del Mazo de Unamuno en traducir al español el texto que publiqué inicialmente en catalán: http://magrinyar.blogspot.com/2018/08/per-deu-obriu-els-ulls-mireu-que-no-ho.html   y que me hizo llegar un amigo común. La posterior revisión del mismo y su publicación es de mi responsabilidad con lo que asumo los errores gramaticales que puedan observarse en este texto.

16 febrero, 2015

Deuda y déficit públicos.

Generalmente el volumen de la deuda pública de un país se expresa en forma de porcentaje sobre el volumen del Producto Interior Bruto (P.I.B.). De este modo se quiere significar cuál es la importancia de la deuda en relación a la magnitud de la economía total, lo que se produce en un año en un determinado país. Puede ser una deuda pequeña en volumen, pero en relación con una economía pequeña puede ser muy importante, o puede ser una deuda muy grande en relación a una economía voluminosa y no ser tan significativa. Grecia y Alemania, por ejemplo. La deuda griega es de casi el 175% de su producto y sube algo más de 300.000 millones de euros y la alemana sólo es algo más del 75% del P.I.B., pero sube más de 2,15 billones de euros.


Según los datos que facilita Eurostat (todos los datos de ahora en adelante están sacados de esta fuente) a finales del 2013, supongo que pronto ya incorporarán las del 2014, los países de la U.E. que tenían un endeudamiento público de más del 75% del P.I.B. eran los siguientes, ordenados por importancia de esta relación:





Claro que esto no nos indica cuál es el volumen de deuda de cada uno de ellos. Generalmente esto no se pone de manifiesto puesto que siempre se quiere indicar su capacidad de pago que pretende estar expresada en la relación con el P.I.B. que he expuesto antes. Pero vale la pena tenerlo presente, al menos para saber las magnitudes. Por orden de su volumen es el siguiente, también de los mismos anteriores países que tienen un porcentaje significativo de deuda sobre el P.I.B.:






Lógicamente los países con un gran peso económico y con mucha población son los que están por delante. 


En relación a esto último, la población, la división de la deuda total entre la población nos da el que le tocaría a cada ciudadano/a de cada uno de este países, independientemente de que sean más o menos ricos. El orden per cápita es el siguiente:






Los cuadro y las gráficas anteriores nos dan la situación actual (la última conocida del 2013). Pero, ¿Cuál ha sido la evolución de esta magnitud para llegar hasta aquí? Los datos presentados por Eurostat arrancan de 1995 y están en términos corrientes, es decir en euros de cada año, sin tener presente la corrección de la variación de los precios. Si cogemos sólo los cinco principales países en volumen de la deuda desde 1995 y tomamos por referencia (índice=100) el volumen que tenía Alemania en 1995, la evolución viene en el cuadro y la gráfica siguientes:







Tomar como punto de referencia Alemania en 95 no va mal puesto que aquel país entonces estaba haciendo el esfuerzo de digerir la incorporación de la Alemania del Este (la RDA) con todo lo que representó desde el punto de vista de las ayudas públicas y del déficit que creó. Bien, en aquel momento, 1995, el volumen de la deuda italiana ya era de 99,5% de la alemana, la francesa del 64,3%, la del Reino Unido del 41,5% y la española del 27,7%. Pasados casi 20 años, ¿cómo ha evolucionado aquella magnitud? Bueno, ahora el volumen de la deuda alemana se ha multiplicado por dos, la italiana prácticamente también, la francesa casi por tres (2,8), la del Reino Unido por cuatro y la española por algo más de tres veces (3,2).


Lo que sí hay de destacar es que en este periodo -donde hubo buenos momentos para la economía y de peores, los recientes- prácticamente nunca el volumen total de la deuda de estos cinco países ha disminuido, excepto en el Reino Unido en 2007. ¿Qué ha pasado pues para que esto haya sucedido de esta manera? Pues que nunca las economías públicas de estos países han producido superávits que se destinaran a enjugar la deuda y por lo tanto, en los años deficitarios ésta iba subiendo. El mercado de la deuda pública así ha devenido un mercado de refinanciación de la deuda existente contraviniendo la teoría keynesiana de contrarrestar el ciclo económico.


Ahora que se habla de devolver la deuda podemos preguntarnos: ¿Se puede pagar nunca este volumen de deuda, ya sea por los alemanes o por los griegos? Me parece que realmente no. ¿Esto quiere decir que se convertirá en una deuda perpetua escondida en continuadas y sucesivas refinanciaciones? Seguramente. Entonces, ¿dónde está el problema si no se pagará nunca por nadie? Primero, en la capacidad y voluntad de los mercados prestamistas de continuar este juego. Pueden no querer seguirlo, por ejemplo pidiendo el cumplimiento de los vencimientos establecidos, pero con riesgo de que los deudores no cumplan, porque no pueden cumplir. En este caso, quizás es más sensato ir manteniendo la pelota como si no pasara nada y convertir la deuda en perpetua de facto. El segundo problema está en el coste de esta deuda, el interés exigido por el préstamo, en el que cada país puede tener su correspondiente prima de riesgo. No parece que hoy tenga que ser un especial problema para los países de la U.E. si ésta se va dotando de mecanismos comunitarios conjuntos. Y llegamos al tercer problema, que es el real: ¿Pueden los países ir incrementando indefinidamente este volumen impagable a base de pedir continuadamente más recursos ya que que sus finanzas están permanentemente desequilibradas por el lado de los gastos? ¿Hasta cuándo, aun en coyunturas desfavorables (de bajo o nulo crecimiento) como las actuales, podemos mantenerse los déficits públicos? ¿Hasta cuando se mantendrá la cabeza escondida como el avestruz ante el peligro sin afrontar el problema real?

Este es el problema de los griegos hoy y de todos, todos, los países europeos también. A guisa de ejemplo, la corrección en 2011 del artículo 135 de la Constitución española sólo fue un “apaño” para continuar el juego, o atrasarlo hasta el 2020, sabiendo que vete a saber qué pasará entonces, y mientras se había ganado el mantenimiento de la confianza para continuar la pelota una temporada más.


Los griegos, el nuevo gobierno griego, han abierto el debate negándose a continuar el mecanismo establecido hasta ahora de hacer la corrección hacia la estabilidad presupuestaría tal como se ha venido preconizando desde las instituciones financieras internacionales. ¿Se saldrán con la suya? ¿Serán capaces todos juntos de encontrar una salida diferente a la que hasta ahora se ha determinados como única? El problema no es la deuda existente, que nunca pagará nadie. El problema es el déficit que habrá que gestionar de otra manera de cómo se ha venido haciendo hasta hoy, y no vale mirar sólo por el lado de los gastos, que también, sino sobre todo por el de los ingresos, pero no de los ingresos de los que ya están pagando, sino de los que no quieren pagar. ¿Serán las clases adineradas conscientes de que tienen que contribuir al mantenimiento de la colectividad, o tanto les da el estallido social (y económico) que se divisa?


16 de febrero.

07 octubre, 2014

Saliendo de la niebla.




Poco a poco, paso a paso, vamos saliendo de la niebla. Esto se va clarificando y decantando. De los que aprobaron la Ley de Consultas, que ya no eran todos, enseguida se descolgó uno, el PSC, diciendo que el “proceso” no estaba apoyado por la Ley. Ahora, un miembro de la Comisión de Control –el propuesto por ICV- dice que esto no va, que no hay garantías democráticas en el “proceso” y se retira. ¡Cuánta ingenuidad!

Mientras, los que siguen empecinados van gesticulando siendo muy cuidadosos sin embargo de no dar ningún paso administrativo en falso. Propaganda de cara a la galería. Que si retomamos el anuncio publicitario, recortándolo y en negro. Que si publicamos un acuerdo sin fijar la fecha del comienzo de su vigencia. Que si hacemos reuniones clandestinas no publicadas. Que si ponemos en marcha un registro por si hace falta confeccionar un cuerpo electoral ...

Todo sea para pretender que todo va, para ganar tiempo. Y el tiempo corre, queda poco, algunos días. ¿Y cuándo se acabe el tiempo? Bueno, ya nos inventaremos algo para continuar entreteniendo al personal.

La próxima criba tocará al Gobierno. Los departamentos de Presidencia (que tiene que implementar el “proceso”) y de Gobernación (que tiene los elementos para hacer cumplir el orden: els mossos) están en manos de Unió!

Quizás dentro de poco nos dirán que como que ahora no se puede hacer la consulta ya  se hará más adelante, cuando sea posible... Y el que días pasa, tiempo empuja.

Llegará el día en que se decantarán los partidarios de la revuelta de los que no la quieren. Los caminantes hacia no se sabe dónde se irán reduciendo. Habrá que ver cuántos quedarán, con qué ánimo y con qué determinación. Quedará claro que el viaje a Ítaca todavía no ha llegado a su fin, que quizás todavía estamos en la cueva de Polifemo, que habrá que superar este escollo y volver a embarcarse para hacer una nueva etapa. Si nunca llegamos a la isla seremos muy ricos con lo que nos habrá dado la travesía, ... !y calvos!

En Galicia, la “Santa Compaña” desapareció con la electrificación rural. El tiempo y las circunstancias ayudan a desvanecer la niebla.


7 de octubre.

02 junio, 2014

La hora de los radicales. ¿El fin de la Transición?


Hace veinte años, el continuado goteo de noticias que salpicaban el sistema político era un suplicio. Hay que recordarlo: Desde el jefe de la Guardia Civil al Gobernador del Banco de España salían en los diarios como malhechores, lo eran. La pinza política, el sindicato del crimen periodístico, la crisis económica post- olímpica, el Gobierno del momento desgastado al máximo. Bien, aquello pasó, hubo cambios, la economía se enderezó, nos rehicimos y vivimos una etapa de cierta tranquilidad.
Ahora, parece que volvemos a aquellos tiempos. Volvemos a estar instalados en un Cafarnaúm. Parece. Rápidamente hay gente que sale en tromba a certificar el final de la Transición, a pedir a gritos su superación y la construcción -de verdad, dicen- de una auténtica democracia. Quizás sí que tienen razón, desde sus posiciones, evidente. Pero, ¿sus posiciones son las que quiere la mayoría de la población, y además, son las más convenientes para la mayoría de la población?
La transición fue un pacto entre lo que se moría solo y lo que nacía sin fuerza. La Dictadura se iba por decrepitud pero no por el empuje de la democracia. Había que encontrar una salida para ambas, para los que se iban y para los que venían. Hubo un pacto: la Constitución del 78. ¿Está superado aquel pacto? Para los que no estaban, o no participaron o perdieron, tanto de un lado como del otro, sí. Según ellos, los hechos lo demuestran. ¿Más ahora que hace veinte años? Es lógico que los que no se sienten suyo aquel pacto lo denuncien y exijan una nueva salida. Ahora bien, ¿tienen la fuerza suficiente para imponerse sin levantar reacciones en contra?
Es inaudito que crecidos por los recientes resultados electorales hayan quienes clamen y proclamen la inminencia del cambio. ¿El 8% del 45% del cuerpo electoral, es una gran fuerza? Llamativa quizás sí, por sorpresiva, ¿real? Hombre, desde el punto de vista leninista... Pero las revoluciones como se hacían en el siglo XX no sé si son demasiado factibles en las sociedades opulentas, sí, opulentas a pesar de las evidentes desigualdades, de hoy en día a nuestro entorno. Los Mesías y los profetas siempre tienen parte de razón a pesar de que sus visiones seas apocalípticas. Pueden anunciar cambios, pueden ser seguidos por grupos incluso numerosos, generan muchos fuegos de paja que a veces dejan rescoldos pero a veces sólo son humo. A veces, pero, también levantan incendios pavorosos.

Atención, no nos alarmemos más de la cuenta.


2 de junio. El día de la abdicación del Rey Juan Carlos.

07 enero, 2014

Delirio.


Delirio: “Acción y efecto de delirar. Desorden o perturbación de la razón. Despropósito, disparate.” (del Diccionario Casares)
 
Evidentemente, los nacionalistas están en una situación delirante, que en lugar de aplacarse va en aumento. Se han creído tanto, o se tienen que creer, sus propuestas, la virtualidad de la posibilidad de sus propuestas, que corren desbocados hacia no se sabe dónde, probablemente hacia el batacazo. Después de la pregunta (preguntas) y la fecha, ahora la ofensiva internacional. Un peldaño más hacia el final de camino de despeñarse.

Ya se ha dicho muchas veces, no se trata de discutir los motivos del proceso. Cómo en todo ejercicio democrático hay razones, o se pueden ver razones, aceptables o rechazables. No se trata tampoco de divisar las previsibles consecuencias del proceso. También aquí, los partidarios y adversarios del mismo pueden decir una cosa y la contraria, es a discutir. Se trata del mismo proceso, de cómo se articula, más allá de la voluntad de hacerlo, para que pueda ser realidad. En este punto parece que la realidad se concretará por la sola fuerza de la voluntad, de la voluntad de hacerla. Un poco ilusorio, ¿verdad? Todo proceso revolucionario, y cambiar la pertenencia a una comunidad es un proceso revolucionario, de cambio, comporta algunas maneras de hacerlo. A la Gandhi, con la violencia pasiva, o a la FNL argelino, con la violencia activa. Con todas las gradaciones que se quieran entre una y otra, pero con acciones de violencia para romper lo que por la sola voluntad no se puede romper.
 
Al final de este año 2014, pienso que sólo habrá lugar, si algunos se lo plantean, para los “cuernos de cabra”. No sé si la ciudadanía está preparada para asumirlo, o si ante esta posibilidad la espuma se desvanecerá rápidamente en medio de una gran sensación de frustración y de fracaso. Durante este año se llevará al Congreso de los Diputados, a las Cortes españolas, una demanda de competencias que con toda seguridad será desestimada. No puede ser de otra manera. No hay a la vista ninguna previsión de una inmolación de los representantes de la colectividad española. Claro, los nacionalistas nunca quieren tener presente que frente a sus razones están las de los otros. Oh, ¡pero las nuestras son las verdaderas! En el otro bando dicen lo mismo. El que tiene más poder, gana. Siempre ha sido así.

¿Los nacionalistas de aquí tienen mucho poder? De momento van pagando las nóminas de final de mes con los créditos que les hacen los nacionalistas de allá. ¿No veis que esto es un delirio?
 
7 de enero.